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Andrés Panasiuk

Es tiempo de dejar las cosas del mundo y concentrarnos en el Dios de nuestros ancestros. Es tiempo de arrepentirnos al pie de la cruz de Cristo y empezar de nuevo.

Tal y como en los tiempos de los jueces, así somos hoy en América del Norte y en otros lugares alrededor del mundo, donde se ha predicado el Evangelio. Somos personas guiadas por jueces corruptos que han secuestrado nuestra nación con sus interpretaciones liberales de la ley. Es más, muchos púlpitos en las iglesias de hoy en día son guiados por pastores, que en nombre de la inclusión, han interpretado la Palabra de Dios en una manera que «se siente bien», ignorando el poder y el propósito de la cruz del Señor Jesucristo.

En nombre del poder elegir, jueces federales deciden matar a niños inocentes en el vientre de sus madres. En nombre del arte, estos mismos jueces resuelven a favor de la pornografía infantil. Y en nombre del amor, estos jueces injustos promulgan un decreto a favor de matrimonios entre homosexuales. Entre tanto, hombres y mujeres de fe, escogen ignorar el mensaje de la Palabra de Dios y las consecuencias del pecado por temer ofender a los demás. Muchos líderes cristianos se quedan callados cuando debieran advertirles a las ovejas del rebaño de Dios, del peligro eminente:«Todas las bestias del campo, todas las fieras del bosque, venid a devorar. Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir… y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado» (Isaías 56.9–11).

Nosotros, como Belén, sufrimos de una hambruna espiritual. Uno de cada dos matrimonios en la iglesia termina en divorcio. Nuestros hijos son guiados por las pandillas de la calle porque los papás no están en casa, y son un blanco para el mundo desviado que ha surgido como consecuencia de la pornografía. Estamos teniendo un cambio económico, no porque los ancianos están viviendo por más años y están tomando los beneficios del Seguro Social que le pertenecen a la próxima generación, sino porque la próxima generación que debería reabastecer el Seguro Social ha sido destruida por más de ¡43 millones de abortos desde 1973! Nuestras fronteras ya no están protegidas de los que quieren destruirnos; así que nuestros jóvenes, tanto hombres como mujeres, tienen que morir en el extranjero para defender nuestra libertad.

Es tiempo de dejar las cosas del mundo y concentrarnos en el Dios de nuestros ancestros —el Dios de Abraham, Isaac, y Jacob. Es tiempo de arrepentirnos al pie de la cruz de Cristo y empezar de nuevo: «Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra» (2 Crónicas 7.14). Sólo cuando nos arrepentimos es cuando estamos protegidos por el Señor Jehová de Israel y nos beneficiamos de su infinita gracia y misericordia.

Tomado del libro Rut, El romance de la Redención por Diana Hagee
publicado por Grupo Nelson, Nashville,TN. www.gruponelson.com