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Andrés Panasiuk

Las comidas rápidas son alimentos procesados que Dios decididamente no creó y son hechos de una forma que no es sana para su cuerpo.

Madres, ustedes conocen bien el guión: son las seis de la tarde y acaban de recoger al último de sus hijos en el campo deportivo. Se sienten cansadas, está oscureciendo, los niños están quejosos y hambrientos, y no hay nada en el refrigerador. Así que toman la vía de la menor resistencia, dirigiéndose a la ventanilla de autos de algún Mc Donald’s, donde les entregan una bolsa de papel con Happy Meals para sus hijos y, para ustedes, una ensalada con tocineta, pollo y aliño ranchero (que contiene crema de leche alta en grasas). (A las solteras, mientras tanto, seguramente les parecerá un derroche de tiempo ponerse a cocinar algo sano y nutritivo para una sola persona.)

Lo que acabo de describir es un lugar común, pues a diario sirven 70 millones de raciones de comidas rápidas en EE.UU. desde colosos como la cadena de los dobles arcos dorados, hasta franquicias que recién comienzan como Chipotle. Los restaurantes de comidas rápidas abundan como las lámparas del alumbrado público, y se encuentran en cualquier boulevard o centro comercial de este país.

El problema con este tipo de comidas —y cualquier otro de los que se elaboran para personas apresuradas, como los TV dinners, los pasteles de pavo y los trocitos de pollo empanizado— es que tanto usted como su familia están comiendo alimentos procesados que Dios decididamente no creó, y en una forma que no es sana para su cuerpo. Cada vez que su cena proviene de una cadena fabril asistida por adolescentes con gorras de papel o trabajadoras con redecillas para el cabello, puede estar seguro de que está introduciendo en su cuerpo alimentos que han sido adulterados con azúcares, sales, aditivos cargados de sustancias químicas y preservantes insalubres que permiten producirlos en grandes cantidades y a bajo costo, y que los hacen más seductores para sus ya deformadas papilas gustativas.

Eso tendrá que cambiar. La idea central de este segmento es comer lo que Dios creó como alimento y en una forma sana para el cuerpo. Estoy convencido de que una dieta basada en alimentos enteros y naturales está en el centro de la diana de este principio de comer para vivir. Y como ha descubierto Nicki, las comidas sanas pueden ser deliciosas, y lo son.

Entonces, ¿qué tipos de alimentos deben tener acceso a su alacena y a su refrigerador? Pues bien, para poner algunos ejemplos, tenemos los granos enteros como el trigo y la cebada; semillas y nueces; productos lácteos saludables como el yogur, el queso y la mantequilla; aves y pescados; vegetales y frutas como las bayas, tomate y aguacate; y carnes rojas beneficiosas como las de res, cordero, venado y bisonte. Estos alimentos, que provienen de fuentes muy cercanas a la naturaleza, nutrirán su cuerpo, sostendrán su energía a lo largo del día, y le proporcionarán la mejor oportunidad de vivir la vida más sana posible.

Tomado del libro La receta del Gran Médico para la salud de la mujer por Jordan y Nicki Rubin
publicado por Grupo Nelson, Nashville,TN. www.gruponelson.com