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Andrés Panasiuk

Lamentablemente, para muchas personas la oración no es un gozo sino una carga. Cuando no oran se sienten culpables; cuando oran les preocupa que tal vez no lo hayan hecho de modo correcto.

Sus oraciones son rígidas o sin vida; quizás en ellas solo repiten palabras aprendidas en la infancia, pero que no conquistan sus corazones o mentes.

Pero esto es lo contrario de lo que debe ser la oración; no debe ser una carga sino un privilegio… privilegio que el Señor nos ha dado gentilmente porque anhela nuestra comunión. Recuerde: Jesucristo murió para destruir la barrera del pecado que nos separa de Dios. Y cuando le damos nuestras vidas, empezamos una relación personal con él. Es más, tenemos acceso a Dios en oración solo a través de lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz.

Algo fundamental en cualquier relación es la comunicación. Esto es verdad en un nivel humano. ¿Qué clase de relación tienen dos personas que no se hablan? De manera mucho más grande, en nuestra relación con Dios participa la comunicación. No solo una breve charla ocasional, sino una profunda conversación con él respecto a nosotros mismos y a nuestras inquietudes. Ya que Cristo ha abierto para nosotros la puerta del cielo, y según la Biblia nos hace la siguiente invitación: «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Hebreos 4.16).

Tomado del libro La Jornada por Billy Graham
publicado por Grupo Nelson, Nashville,TN. www.gruponelson.com