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Andrés Panasiuk

¿Qué razón tiene Dios para mantenernos aquí?. ¿Cuál es el papel que el Señor tiene para nosotros?. ¿Por qué nos mantiene aquí?

La Biblia nos da la respuesta: «Mientras estemos en este planeta, el propósito de Dios es que nuestra manera de vivir le honre y le glorifique». La Biblia dice que el Señor «nos escogió en él [Cristo] antes de la fundación del mundo… a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo» (Efesios 1:4,12). Jesús les dijo a sus discípulos: «En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos» (Juan 15:8). ¿Es su meta que Dios se glorifique en todo lo que usted hace?

Pero esto no contesta por completo nuestra pregunta original: ¿Qué razón tiene Dios para mantenernos aquí? Para responder esto, imagine cómo sería nuestro mundo si el Señor nos llevara al cielo cuando nos convertimos en creyentes. Sin que quede nadie para mostrar la compasión y la justicia de Cristo. ¿Cómo oiría alguien acerca de Cristo, o cómo pondría su confianza en él? La respuesta es obvia: Nuestro mundo estaría condenado a vivir en perpetua oscuridad espiritual, atado para siempre por el temor, la desesperanza, y el mal.

¿Por qué Dios nos mantiene aquí? Por una razón: Para hacerle saber al mundo las buenas nuevas de Cristo. La Biblia declara: «Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9). La orden de Jesús a sus discípulos no se ha revocado: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15). ¿Significa esto que todos debemos ser predicadores, evangelistas o misioneros? No, aunque algunos lo son. Pero esto sí significa que todos estamosllamados a ser testigos de Cristo, llevando su amor y su poder transformador a un mundo destrozado y confundido.

La influencia de un hombre
La historia del «Amotinamiento en el Bounty» ha cautivado generaciones de lectores y de aficionados al cine. Lo que ocurrió después, sin embargo, no es muy conocido… pero es igual de fascinante. Por razones que aún se debaten, en 1789 se amotinó la tripulación del navío H.M.S. Bountycontra la presunta crueldad de su capitán, William Bligh. Junto con unas cuantas personas, a Bligh lo pusieron a la deriva en un pequeño bote. Pero los amotinados se quedaron con el Bountyy finalmente llegaron a una pequeña isla desolada y despoblada en el sur del Pacífico llamada Pitcairn. Solo eran veinticinco personas —nueve marineros británicos, además de seis hombres y diez mujeres de Tahití— y poco después del desembarco incendiaron el Bountyy establecieron una colonia permanente.

Pero pronto su experimento se convirtió en desastre. Surgieron conflictos entre los rudos marineros británicos y los tahitianos, que provocaron violencia y asesinato. Un marinero también descubrió un método para destilar alcohol de una planta nativa, convirtiendo su paraíso tropical en una guarida de alcoholismo, vicio y libertinaje. Finalmente solo sobrevivieron unos pocos tahitianos y uno de los marineros británicos: John Adams.

Un día Adams descubrió la Biblia del barco, la cual habían rescatado del Bountyaños antes, pero la habían dejado olvidada. Comenzó a leer, y Dios usó las palabras de este libro para convencer a Adams de su pecado y guiarlo a la fe en Cristo. Su vida cambió de modo dramático, y casi inmediatamente empezó a hablar de Cristo con sus compañeros exiliados. A ellos les conmovió tanto la vida transformada de Adams como el mensaje de la Biblia, y también se convirtieron. Cuando unos marineros estadounidenses se detuvieron en Pitcairn en 1808 —los primeros visitantes que habían tenido— encontraron una comunidad próspera y armoniosa sin cárcel, alcohol, crimen ni inmoralidad. El Señor había usado el testimonio de un hombre, John Adams, para transformar la comunidad entera.

Tomado del libro La Jornada por Billy Graham
publicado por Grupo Nelson, Nashville,TN.