fbpx

Andrés Panasiuk

Para que el matrimonio sobreviva el compromiso es la prioridad principal. Muy poco de lo que usted haga en un matrimonio importará si no está decidido a permanecer casado.

Ya sea que el reto son las consecuencias, el conflicto o las circunstancias, la clave para mantener un matrimonio para toda la vida es el compromiso. Es una decisión que no cambia con los sentimientos, no depende de la buena suerte y ni siquiera de la actitud de su cónyuge. El compromiso le dice a su cónyuge: «Sé que las cosas se han agriado, sé que tú has pecado y yo he pecado, sé que atravesamos tiempos ásperos, pero me quedaré contigo pase lo que pase».

El suave palpitar acelerado de su corazón bajo el cielo iluminado por la luz de la luna en Hawai no los mantendrá juntos. La encantadora ceremonia y los votos de corazón que ustedes dijeron son recuerdos que atesoran, pero tienden a desvanecerse bajo la rigurosa luz de los retos que presenta el mundo. Es una decisión que usted toma, de una vez por todas, y luego confirma con sus acciones todos los días. Es un concepto sencillo que es cualquier cosa excepto fácil, pero no más complicado que decidir quedarse.

Lo que sigue es una carta de una señora que hace algunos años me había oído hablar sobre el compromiso. Sus palabras ilustran el poder sencillo de esta difícil decisión. «He decidido quedarme firme en compromiso a mi propio matrimonio que se hallaba en medio de la acción del divorcio. (…) Dios me ha cambiado. Me ha dado un nuevo amor para mi esposo y, a su vez, mi esposo ha ido cambiando en su actitud hacia mí. Él todavía no se preocupa por su relación personal con Jesús; milagro que espero. Hace seis meses fuimos y escuchamos a un asesor no creyente que nos dijo que sigamos con el divorcio, porque absolutamente no quedaba nada en nuestro matrimonio y no había ninguna base sobre la cual edificar. Pues bien, la gracia de Dios ha permitido lo contrario. Todavía es una lucha real algunos días, pero he aprendido que en tanto y en cuanto nos “halemos” el uno hacia el otro en lugar de “empujarnos” el uno contra el otro, la dirección es más segura y sólida. (…) Así que, “compromiso” no es simplemente otra palabra en mi vocabulario. Se ha convertido en una parte real de mi vida».

Una «C» final en esta consideración: Cristo. Si el compromiso es la clave, entonces Cristo es el candado. Me asombra que algún matrimonio entre no creyentes dure mucho tiempo. Algunos en efecto duran, pero siempre me sorprende que los matrimonios sin Cristo no acaben más pronto. Sin embargo, si ambos cónyuges permanecen firmemente comprometidos a Cristo, cueste lo que cueste, un matrimonio duradero puede ser una realidad. Con la presencia de Cristo en nuestras vidas, su poder transformador, su constante estímulo, y su compasión contagiosa firmemente obrando para hacernos más semejantes a Él, ¿cómo puede fracasar un matrimonio?

Tomado del libro Matrimonio: De sobrevivir a prosperar por Charles R. Swindoll.
publicado por Grupo Nelson, Nashville,TN. www.gruponelson.com