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Andrés Panasiuk

Cuanto más rápidos sean los alimentos de preparar, tanto menos saludables y más lejos están del diseño de Dios.

Cuando ingerimos alimentos que Dios creó en formas que son saludables para nosotros, nuestros cuerpos quedan alimentados y pueden actuar en niveles óptimos. Los alimentos que Dios creó son lo que nosotros llamamos «naturales». Mucho de lo que pasa por alimento en estos días está tan lejos de lo natural como un esquiador en tabla que esté esquiando cuesta arriba. En los estantes de los supermercados desde Pórtland, en Oregon, hasta Pórtland, en Maine, usted encontrará que la mayoría de los alimentos son artificiales, algo que Dios no creó. Eso es porque los conglomerados de fabricantes de comida se han distinguido, en los últimos cien años, en tomar algo que Dios creó, el trigo, por ejemplo, y convertirlo en algo totalmente poco saludable quitándole los nutrientes dados por Dios y añadiendo sustancias químicas en cantidades industriales. Un tubo de patatas fritas, que son patatas procesadas clonadas con aditivos, ofrece muy poco contenido nutritivo real, si acaso lo tiene. Por eso las patatas fritas no son alimentos en una forma saludable para el cuerpo.

La diferencia entre lo que los estómagos de nuestra cultura norteamericana consumen y lo que la gente come en otros lugares quedó demostrada en los días que siguieron al horrible tsunami que afectó al Sudeste de Asia. Los grupos de ayuda de Occidente se precipitaron, y en el pueblo de Galle en Sri Lanka, los refugiados muertos de hambre abrieron las cajas de cartón que habían sido empacadas en los Estados Unidos sólo para descubrir latas de verduras mixtas en salsa cremosa. Cuando la gente de Sri Lanka intentó comer las verduras enlatadas, se enfermaron porque sus estómagos no estaban acostumbrados a digerir verduras que nadaban en líquido cargado de sustancias químicas y con abundante crema. Sus cuerpos preferían sus habichuelas y su maíz fresco.

Cuanto más rápidos sean los alimentos de preparar, tanto menos saludables y más lejos están estos del diseño de Dios.

Como probablemente podrá suponer ahora, soy un defensor de los alimentos naturales cultivados orgánicamente, alimentos que Dios creó para que comiéramos en una forma que sea saludable para el cuerpo.

La Receta del Gran Médico para la Salud y el Bienestar se apoya en que comamos alimentos naturales, orgánicos e integrales, preparados apropiadamente, para destapar los nutrientes y que estos alimenten y repongan nuestros cuerpos.

Tomado del libro La Receta del Gran Médico por Jordan Rubin
publicado por Grupo Nelson, Nashville,TN. www.gruponelson.com