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Andrés Panasiuk

El pensador Publio Siro dijo una vez: “El que persigue a dos liebres, no atrapa a ninguna”. Jesucristo nos dijo: “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará a uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”.

Las riquezas muchas veces se convierten en un ídolo en nuestras vidas. Nosotros tenemos que elegir dentro de nuestras prioridades familiares adónde vamos a poner a Dios y adónde las cuestiones materiales en nuestra vida personal, tengamos mucho o poco. No estoy hablando de gente que tiene mucho dinero, autos, barcos o casas grandes. Estoy hablando de gente común, como usted y yo.

Tengamos mucho o poco, lo más importante para Dios es nuestra actitud. Uno puede no tener un peso en el bolsillo y, sin embargo, tener a las riquezas como el dios de su vida y caer de esa manera en la esclavitud financiera. Es la actitud lo que vale. Por ejemplo, John Maynard decía: “Si yo te debo un peso, tengo un problema; pero si te debo un millón, tú tienes el problema”. La actitud que tenemos en cuanto al dinero, es capaz de hacernos perder las pequeñas alegrías esperando la gran felicidad.

Es importante que seamos capaces de reconocer la esclavitud financiera en nuestras vidas. Pero también es importante saber cómo alcanzar la sanidad financiera, que se manifiesta en todo aspecto de la vida cristiana: el alivio de las preocupaciones y las tensiones debido a las deudas vencidas no pagadas; una conciencia limpia delante de Dios y de los hombres; y la seguridad absoluta de que Dios controla nuestras finanzas. Esto no quiere decir que las finanzas del cristiano deban estar totalmente desprovistas de dificultades. A menudo, Dios permite que las consecuencias de actos anteriores ayuden a resaltar una lección que Él quiere enseñarnos. Pero sin importar las circunstancias, Dios siempre promete darnos de su paz.

Cuando una persona está en esclavitud financiera, esa persona vive en la esclavitud de las deudas, la opresión, la envidia, la codicia, la avaricia, el resentimiento y sin saber adónde se le va el dinero mes tras mes.

El primer paso para encontrar la sanidad financiera es recordar las palabras de Jesús: “Nadie puede servir a dos amos”. No podemos ser esclavos de Jesús, y a la vez, ser esclavos del dinero. Imagínese que cuando llegamos al cielo Dios está en la puerta del cielo, nos mira y nos dice: “Para dejarte entrar aquí, primero me tienes que mostrar cómo manejaste tu dinero cuando estabas en la tierra” ¡Algunos de nosotros temblaríamos!

Muchas veces, cuando de finanzas se trata, nuestra actitud hacia lo que Dios dice es: “Bueno, la Biblia es para la iglesia, y estas son cuestiones de dinero”. Lamentablemente, hay mucha gente que quiere usar a Dios para servir a las riquezas, en vez de, usar a las riquezas para servir a Dios. No busque dónde está su corazón, busque primero dónde están sus tesoros. Entonces conocerá la realidad de su vida interior.

Tomado del libro ¿Cómo Llego a Fin de mes? por Dr. Andrés Panasiuk
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