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Andrés Panasiuk

Cada vez que doy consejería financiera a una pareja que tiene problemas me he dado cuenta que, por lo general, el esposo va en una dirección y la esposa va en otra.

Cada uno tiene prioridades económicas diferentes, y por consiguiente, pronto caerán o ya están viviendo en la esclavitud financiera.

Para alcanzar la sanidad financiera es imperativo que estemos juntos como pareja, con las mismas metas y los mismos objetivos económicos. Tenemos que tener una misma mente con nuestra esposa o con nuestro esposo. Si uno tira para la izquierda y el otro para la derecha no vamos a ir muy lejos.

Santiago 1:8 dice: “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”. Debemos tener una misma mente con nuestra esposa o con nuestro esposo. Debemos ponernos de acuerdo. Ni el esposo, ni la esposa le deben imponer al otro la forma en la que van a manejar las finanzas. Debemos aprender a ayudarnos y a complementarnos, en vez de competir el uno con el otro.

Dios nos habla de complementarnos y no de competir. Él nos pone juntos, justamente, porque somos diferentes, si los dos fuéramos iguales hay uno que sobra. Por ejemplo, yo crecí en un país latinoamericano con dificultades económicas, así que cuando voy de compras lo que miro es el costo de las cosas. Mi esposa, creció en una cultura diferente, y lo que ella mira es la calidad. Ella dice: “¿Cuánto me va a durar esto?” Y piensa que lo barato sale caro. Entonces, algunas cosas que a mí me parecen que son buenas por el precio, ella se da cuenta que no lo son y me dice: -Mira Andrés, dentro de muy poco tiempo vas a tener que volver a comprar la misma cosa y vas a terminar gastando más dinero al final de cuentas. Te conviene comprar algo un poquito mejor que te dure por más tiempo. Sería muy aburrido si uno se casara con la gente que es exactamente igual a uno, ¿no le parece? Gracias a Dios que nos dio una pareja que es diferente, que es distinta de nosotros.

Entonces, en el proceso de decidir cómo vamos a gastar el dinero, no es mi voluntad ni es la voluntad de mi esposa la que se debe cumplir, sino que es la complementación de las dos voluntades. Trabajemos juntos, porque el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. Si nos va mal económicamente es porque a veces empujamos para lados contrarios. Pero si hacemos un plan a corto plazo y luego un plan a largo plazo con nuestro cónyuge, sabremos para dónde ir y no seremos inconstantes, sino consistentes. Es por eso que debemos aprender a complementarnos.

1º de Pedro 3:7 dice: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”. A veces, usted como esposo, está sintiendo como que sus oraciones no pasan del techo de su casa, y es posible que así sea porque dice la Palabra de Dios que si nosotros no estamos tratando a nuestras esposas de la manera en la que ellas deben ser tratadas, nuestras oraciones tienen estorbo.

Aprendamos a complementarnos, dejemos ya de jalar hacia lados opuestos y seamos de una misma mente.

Tomado del libro ¿Cómo manejar su dinero? por Dr. Andrés Panasiuk